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    Elecciones 2017 ¿Qué va a hacer Piñera con Kast en la segunda vuelta?

    Definitivamente, José Antonio Kast se ha convertido en una de las novedades de esta elección presidencial. El candidato independiente, ex UDI, de manera gradual, con mucha convicción y sin ningún temor a ser “políticamente incorrecto”, logró instalar un discurso conservador y de derecha ochentero, que ha provocado una especie de despertar de un grupo que estaba en silencio y oculto desde hace muchos años, tal vez desde la muerte de Pinochet. Nota y opinión por

    Y, así, lo que al comienzo parecía un simple ruido para la campaña de Sebastián Piñera, se fue transformando en una molestia, una incomodidad. Es un hecho que muchos militantes y cercanos a la UDI histórica se sienten más identificados con Kast que con Piñera. Jaqueline Van Rysselberghe y varios de los llamados coroneles, han tenido que redoblar sus esfuerzos para mantener alineado al partido detrás de Piñera y evitar que algunas figuras aparezcan públicamente en actividades del impetuoso diputado.

    Kast representa ese renacer de un fenómeno mundial que ha traído de vuelta al conservadurismo extremo en varios países. No le teme a plantear que las personas deben prepararse para portar armas, que se debe derogar la ley que permite el aborto en tres causales, que se debe eliminar la Ley Laboral y, por supuesto, ha apoyado con fuerza a los militares condenados por violaciones a los Derechos Humanos. Sin duda, su apuesta inicial “de nicho” hoy le está dando la oportunidad de agrupar a ese sector de la ciudadanía que se identifica totalmente con la herencia de la dictadura.

    Por otra parte, el diseño de campaña de Piñera apuntó a capturar, en una etapa temprana, la sensibilidad de la UDI. Además de contar con Andrés Chadwick como su principal rostro, fue sumando propuestas e ideas del partido de derecha hasta lograr un apoyo irrestricto de esa colectividad. Claro, esto se tradujo en que se percibiera que se había “derechizado” en relación con lo que fue su Gobierno. Pero era una estrategia correcta, eso le permitiría luego hacer un giro hacia el centro. Y efectivamente, en una segunda fase, su relato fue incorporando a los sectores medios, los desencantados de la Nueva Mayoría, hasta rematar en la inclusión de figuras históricas de la DC, como Patricio Aylwin.

    Todo parecía marchar sin inconvenientes para el comando de Piñera, incluso, hasta hace un par de meses, estaban convencidos de que el triunfo sería cómodo en primera vuelta. Razones tenían de sobra: en la vereda de enfrente, las cosas se iban complicando cada día, luego de la bajada de Ricardo Lagos. Hasta que apareció JAK recargado.

    En las últimas dos semanas de campaña, el fenómeno Kast le está trayendo a Piñera complicaciones más allá de lo pensado. No solo tiene alrededor de 6% –según la última proyección de Cadem–, es decir, exactamente lo que le daría el triunfo en primera vuelta a Piñera según ese mismo sondeo, sino que también ha arremetido contra el ex Mandatario, llegando a decir que, si le sigue “pegando en la canillas”, va a ser difícil que sus seguidores lo apoyen en el balotaje.

    Y como si no bastara esto, José Antonio Kast parece que se entusiasmó con su aventura y está preparando el escenario para poder negociar sus votos con Piñera. Para ello, lanzó algunos guiños finales para afirmar a su electorado, los que a su vez constituyen torpedos provocadores difíciles de esquivar para el ex Presidente a partir del 20 de noviembre. No solo afirmó que, de estar vivo Pinochet, este votaría por él, sino que defendió a Miguel Krassnoff, un ícono de las violaciones a los Derechos Humanos para mucha gente. Y el broche de oro fue el respaldo recibido por la “Multigremial de las FF.AA.”, encabezada por dos rostros ligados a la UDI, Cristian Labbé y Jorge Arancibia, los que argumentaron que era el único candidato capaz de darles justicia a los militares condenados. Una jugada que descolocó al piñerismo –y de seguro a la UDI–, ya que con esto desechaban la propuesta del ex Mandatario, incluida en su programa, de igualar las garantías en los casos judiciales de militares.

    ¿Y qué va a hacer Piñera con Kast entonces en la segunda vuelta? El ex Jefe de Estado necesita conquistar el 5% o 6% que le falta para alcanzar el triunfo. Esos potenciales electores estarán en el centro –especialmente en el mundo que alguna vez votó por la DC– y en el sector de Kast. Por tanto, Piñera tendrá que caminar por una cuerda floja, intentando no desequilibrarse hacia ninguno de los dos lados.

    En ese escenario, Kast es más bien un problema para Piñera. Es muy probable que JAK haga un llamado abierto a sus votantes, pero, por supuesto, nada es gratis en política.

    Será su momento, su oportunidad para poner temas arriba de la mesa y, así, asegurar un espacio de fuerza en la derecha que acompañaría a un eventual nuevo Gobierno de Piñera. Y esto va desde la puesta en escena esa noche del 19 –debería abrazar a Piñera ante las cámaras– y el mes de campaña que vendrá hasta el 17 de diciembre. ¿Qué parte de su agenda va a pedir Kast que sea incorporada en el programa gubernamental? ¿Amnistía a los militares condenados?, ¿derogación de la Ley de Aborto?, ¿promover el uso de armas de fuego? Si observamos lo hábil que ha sido el candidato de derecha en la campaña, sería esperable que priorice un solo proyecto –muy vistoso en lo público–, de manera de obligar a la UDI a presionar al piñerismo para que se cumpla la petición. Después de todo, ese partido no querrá perder a una parte de sus militantes a manos de Kast.

    El dilema de Piñera, por tanto, será si pone las fichas en el centro, obviando a Kast, o incluyéndolo. La primera alternativa es riesgosa porque, más allá de que la mayoría de los votos de Kast se trasladen hacia el ex Mandatario, le generará un problema político con el diputado. La segunda opción implica lidiar con la figura de Pinochet, los violadores a los DD.HH. y el conservadurismo duro, temáticas muy distantes del ciudadano medio y desencantados de la Nueva Mayoría. En otras palabras, este escenario sería muy favorable para Guillier –todo indica que él pasará a segunda vuelta–, ya que le serviría para aglutinar al mundo de la centroizquierda. Mientras más polarizada sea la campaña, más estrechas serán las cifras entre las dos sensibilidades que dividen al país desde hace décadas.

    Claro que, para suerte de Sebastián Piñera, el nivel de conflicto, descalificaciones y recriminaciones mutuas entre sus oponentes, pronostican un escenario poco probable de unidad entre los partidos que sustentan a los cuatro candidatos –excluyendo a Artés– que podrían respaldar a Guillier.

    Pero la elección la decidirán los ciudadanos, más allá de los partidos. A menos de una semana del 19N –en que se optará por Presidente(a), senadores, diputados y Cores–, es todavía el momento de tomar conciencia de que todos somos responsables de elegir el destino que queremos para Chile.