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    Los errores políticos y comunicacionales que dejaron a Guillier bajo fuego (amigo)

    Hace solo cuatro días, Alejandro Guillier informó que imprimiría “un librito” para repartirlo mañana, martes 7, en un acto con profesionales, según él, para dejar tranquilo al “antiguo mundo y al chileno conservador”. Nota y opinión por

    Por supuesto que la frase fue provocadora y poco afortunada. Además de estar evidentemente molesto, el candidato de Fuerza de Mayoría intentó, con ello, bajarle el tono a la polémica que su propio comando desató al anunciar que el programa de Gobierno lo presentarían recién una vez concluida la primera vuelta. Pero, a última hora, hicieron trascender, a través de La Tercera de ayer domingo, que “el librito” contiene 157 páginas con propuestas por un costo de 10 mil millones de dólares. Es decir, igual tendremos programa antes del 19 de noviembre, pese a lo afirmado hace una semana. Esto demuestra la confusión existente en el comando del candidato.

    De seguro Guillier y su gente diseñaron esta idea de “no programa” con el objetivo de dar una señal a Goic, ME-O y Sánchez de que dejarían espacios para incorporar sus propuestas, para así asegurar su apoyo en la segunda vuelta. Sin embargo, el manejo político y comunicacional del episodio, terminó por revertirse en su contra, desatando la ira y duros ataques de los otros tres candidatos, que suman entre ellos aproximadamente 25 puntos, según la última encuesta de Cadem publicada el viernes 3.

    Las acusaciones de falta de definiciones y ambigüedad, constituyeron las interpretaciones que terminaron por imponerse. Desde una perspectiva comunicacional, pudieron utilizar muchos recursos, como enunciar los principales ejes programáticos o anunciar un objetivo general que patentara el sello de lo que será su oferta a los votantes, cosa que intentaron hacer ayer, tardíamente, vía un medio de comunicación.

    Definitivamente fue un gran error hablar de “compendio”, ese concepto que suele asociarse a resumen de libro de lectura obligatoria, que algunos alumnos buscan en Internet para hacerse una idea del texto, en dos planas, respecto de un mamotreto de 500 páginas. La verdad es que sonó a pobreza de ideas, pese a la paradoja de que fue el propio Guillier el primero en presentar su propuesta programática hace cinco meses, basada en el resultado de varias comisiones de trabajo y que se resumió en poco más de 400 páginas. ¿Por qué entonces este impasse innecesario?

    Un buen plan de comunicaciones debería haber explicitado las razones de esa opción, haciendo un llamado claro y preciso a sus eventuales aliados, a partir del 20 de noviembre, y, por supuesto, dejando instaladas 10 ideas fuerzas que transmitieran contenidos y mostraran seguridad del candidato. Cuando se entiende lo contrario, es porque la estrategia estaba mal diseñada.

    Está claro, entonces, que la importancia de lanzar un programa no está en la cantidad de páginas ni en lo largo del texto. A estas alturas –faltando menos de dos semanas– lo que hay que capturar es la atención de los electores decididos y especialmente a ese 10 % que asegura que votará, pero que aún no está completamente seguro por quién, y así sintonizar con algunas de sus expectativas o inquietudes. Por último, se debe causar ruido mediático, eso es suficiente. Veamos el caso opuesto. El programa presentado por Sebastián Piñera hace solo una semana, más allá de las críticas y polémicas por incluir obras en desarrollo de este Gobierno, lo que logró fue una cantidad importante de espacios en medios y redes. Se habló de esto la semana completa, incluidos los duros enfrentamientos con el Ejecutivo. Comunicacionalmente la apuesta fue correcta.

    Pero también este fue un verdadero regalo para los otros candidatos. Les dio agenda, concentrando casi todas sus apariciones en la figura de Guillier. Aunque la posibilidad de que Goic, Sánchez o ME-O pasen a segunda vuelta es casi nula, sus estrategias de estos días han apuntado a sembrar en lo público esa opción, afirmando su voto duro.

    Y, como si esto fuera poco, en el propio guillierismo se han encargado de ventilar las disputas internas, criticar la conducción del comando e, incluso, poner en duda la capacidad política de su abanderado. Ya se habla de incorporar en segunda vuelta a representantes de la vieja guardia de la Concertación y reemplazar a varios de los que han tenido a su cargo la dirección de la campaña. Nada alentador para enfrentar esta última etapa.

    Tampoco Guillier ha estado muy acertado estos días. Ha mostrado una faceta de irritabilidad en público que a ratos hace olvidar que él es un hombre que proviene de las comunicaciones y, por tanto, debería estar acostumbrado a conducirse con más cautela. Está claro que esto es efecto del golpe causado por el caso de la Municipalidad de San Ramón, cuyo manejo dejó mucho que desear. Faltó más decisión y una postura firme para despejar rápidamente las dudas que instaló José Antonio Kast, las que, para mala fortuna de Guillier, fueron usadas también por Goic y ME-O.

    Por último, polemizar con Kast y mandarlo al psiquiatra fue una tontera. Guillier tendría que mantener su foco en el rival que enfrentará en segunda vuelta, es decir, Piñera. Debería estar apuntando a que se perciba que los contrincantes en el ring serán ellos dos y que la disputa de fondo es entre ambos modelos de sociedad. Todo lo demás le quita energía y produce confusión.

    Guillier necesita dar un golpe fuerte final, ser muy claro con sus aliados y evitar “salidas de madre” en estas dos semanas si quiere lograr su respaldo. Hoy pareciera que esto es difícil, el tono que ha asumido el grupo que representa a la centroizquierda es bastante parecido al de las primarias de la derecha entre Piñera y Ossandón. Sin embargo, los números que dan todos los sondeos siguen mostrando que la segunda vuelta podría ser muy estrecha si es que se unieran los ex Concertación. De acuerdo a Criteria y Cadem –las dos últimas encuestas que se pudieron publicar–, si sumamos las preferencias en primera vuelta hacia Piñera y Kast y las contrastamos con la que obtienen Guillier, Sánchez, ME-O, Goic e incluso Navarro, tenemos que la distancia entre estas dos grandes tendencias sería apenas de 2 o 3 puntos.

    En las dos últimas semanas de una elección lo más importante para un candidato es mostrar coherencia, evitar decir un día algo y cambiar de posición, y, por supuesto, cometer la menor cantidad de errores posibles. Creo que no es mucho pedir.