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    Valparaíso, nostalgia de la capital de la elegancia

    • Alguna vez Valparaíso fue la capital de la moda y la elegancia a nivel nacional. Fruto de ello, surgieron modistas, costureras y sastres. Hoy queda muy poco de ese mundo, recuerdos, fotografías sepia y un sastre que permanece trabajando pese a todas las adversidades.  A sus 83 años y con más de 60 años de trabajo a cuestas, su taller se mantiene con dignidad y nostalgia en la otrora hermosa calle Condell.

    Hubo una época en que Valparaíso no solo fue una ciudad bullente de comercio, de inmigrantes, de prosperidad y de movimiento en sus calles, también fue una ciudad elegante. “ Hacia finales del siglo XIX Valparaíso ya se reconocía como el primer puerto del Pacífico Sur…… El comercio en el rubro de vestuario da cuenta de un auge …. un alto desarrollo comercial …” señala la profesora e investigadora de la Universidad de Valparaíso,  Angela Herrera en uno de sus trabajos de investigación. ( Costureras, sastres y modistas, contexto manufacturero en Valparaíso 1890-1960)

    A lo largo de los años, el área textil y de confección sufrió vaivenes de acuerdo a los momentos históricos y económicos que se vivieron a nivel internacional con las guerras y la apertura del Canal de Panamá, pero Valparaíso se las arregló para resurgir y ver renacer  la prosperidad económica. Con  el crecimiento de nuevas empresas e industrias, la ciudad necesitó más trabajadores y también más ejecutivos y empleados. 

    Se necesitó entonces vestirse para ir a trabajar y de paso, distinguirse. Vestones, chalecos, abrigos y chaquetas tres cuartos, de paños finos y fibras nobles, fueron el código de vestuario de los varones, para trabajar en esa ciudad llena de vida.

    El taller del último sastre porteño

    Calle Condell 1329, segundo piso, oficina 3, el taller de Octavo Carmona Zamora se ubica en una pequeña galería comercial, junto a estudios fotográficos y talleres de composturas, en medio de la triste decadencia de esta calle porteña, este edificio se mantiene digno, limpio, acogedor. El taller del sastre es una invitación a otros tiempos: piso de parquet, moldes cortados, fotografías de modelos con trajes y un “tres cuarto ” elegantísimo, de un verde audaz, cuelga sobre un maniquí. 

    Con nostalgia el sastre Octavio Carmona Zamora recuerda aquellos años de sus inicios, una infancia complicada, una juventud buscando un oficio para sostenerse a sí mismo, y también los dulces años que vinieron después como sastre afamado de Valparaíso, con clientes que incluso hasta el día de hoy persisten. Su primer taller estaba a un costado del ascensor Lecheros del barrio El Almendral.

    De aprendiz, a ayudante y a sastre

    “Yo partí en la Avenida Francia, hace más de 65 años, una profesión muy hermosa, el poder transformar una tela en un traje bien hecho, porque no basta solo saber la teoría, sino que hay que tener buen gusto, realizar una prenda en que uno se sienta satisfecho con el esfuerzo que uno hace para que el cliente se sienta bien y para eso hay que tener el cariño y el afecto a ese pedazo de trapo  para transformarlo en una prenda como la que está ahí, “ un tres cuarto”, de lana, una chaqueta de invierno”. Yo en  mi ciudad natal que era Villa Alemana, tenía amigos que eran sastres y a través de un amigo, entré a trabajar en la tienda Blanca Nieves de la Avenida Francia, que ahora se incendió, ahora está en el Centro Español y en Calle Condell. Entré como ayudante, a mí me gustaba la máquina, porque yo le arreglaba la ropa a mis hermanos más pequeños, pero venía trabajando a mano  y en la tienda había máquina a pedales y se me pasaba la costura!. Aprendí rápido, me gustaba  y ya a los 6 a 7 meses ya estaba cosiendo vestones, es decir los cuerpos de los vestones, porque se trabajan aparte, las mangas y después se unía todo.”

    Octavio Carmona explica cómo se organizaba un taller de sastre: “Los talleres de sastres de medidas no tenían muchas personas trabajando en el lugar, había uno a dos vestoneros y dos pantalorenas , la mayoría estaba afuera, trabajaban en sus casas: las pantalorenas, los chalequeros, los vestoneros, los que hacían abrigos e incluso los que hacían composturas, también trabajaban en casa. Cuando yo me instalé por primera vez tuve a cargo cerca de 10 personas y la gente no estaba en el taller, tenía un ayudante. “

    “ Los elegantes de Sudamérica”

    “El negocio funcionaba porque éramos los elegantes de Sudamérica, éramos los “ingleses” de Sudamérica y la gente se vestía as,í porque había mucha industria, estaban todas estas empresas en que el individuo tenía que ir de terno  y corbata, como la Hucke, el Matadero, el Banco Central, La Chilena de Tabacos, las navieras, la gente se vestía elegante y había material para hacerlo. Había tiendas donde había una tremenda variedad de casimires y eran muy buenos, cosas que ahora ya no existen, no hay ese tipo de tiendas. Además que se introdujo la fibra y cambió el casimir, ya no era de lana pura”, destaca Octavio Carmona.

    “Valparaíso fue una ciudad muy elegante, había que vestirse bien, con el pantalón, el chaleco, el vestón, también el sombrero y el abrigo, se usaba mucho el abrigo, pero la moda fue cambiando y se fue perdiendo la elegancia. En el casino no se podía entrar si no se iba de corbata y ahora uno ve a la gente de short. Para un bautizo uno se vestía con las mejores prendas. “, señala con nostalgia.

    Trajes que se “viraban”

    “De los materiales, se usaba el crin para el forro y la óptima, ahora ya no se usan. Antiguamente, como los casimires eran tan buenos se “viraba” la prenda, es decir se le daba vuelta el traje y se ocupaba la tela de adentro, porque estaba muy buena, entonces se daba vuelta y quedaba como nuevo. Habían sastres que se dedicaban a eso: a dar vuelta los trajes. La única diferencia es que la “cartera de pecho”, que es un bolsillo que va al lado izquierdo, quedaba al lado derecho, pero nadie se daba cuenta de eso y se recuperaba el terno, por la nobleza de los materiales,  como el casimir inglés”.

    Del esplendor a la decadencia

    Sobre las influencias de la moda destaca:  “ llegaban muchas revistas argentinas, los argentinos tienen muy buen gusto e incluso ahora conservan sus casimires, conservan el estilo, son elegantes. También llegaban revistas italianas, francesas y revistas españolas, yo trabajé en España y ahí hacíamos ropa para Italia y Francia. Pero eso de a poco se perdió, el “tirar pinta”, verse el mejor de toda la fiesta, eso ya no existe. Ya también coso para varones y para damas y creo que ellas también han perdido esa elegancia, el usar traje, el blazer, el pantalón o la falda, ahora el estilo es más relajado. Lamentablemente, hoy esto está de capa caída”.

    ¿Cómo comenzó la decadencia del rubro? , explica: “Yo creo que el oficio, desde el 73 para adelante comenzó a decaer, tras el golpe, las fábricas de casimires comenzaron a dejar de producir, se fue perdiendo e influyó en la confección de los trajes, se fue perdiendo la variedad y la calidad”

    Una “reliquia” de la confección

    El gremio de sastres al parecer cundió poco en aquella época, “ éramos más bien individualistas, nos juntábamos prácticamente como un grupo de amigos, también nos juntábamos para traer materiales, para tener stock, la verdad es que no tuvimos la capacidad de asociarnos como los sastres argentinos,  hasta los ayudantes tienen sus gremios, están muy bien organizados, tienen hasta sus revistas,, con sus listas de precios, nosotros éramos  más independientes, cada uno cobraba de acuerdo a su criterio y fama. Ya no me quedan casi colegas, creo que están casi todos al otro lado, tal vez soy una especie de reliquia que va quedando”, dice don Octavio Carmona con una sonrisa nostálgica, el último sastre de la que fuera la capital de la elegancia.